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Mutilación Genital Femenina, el recurso de control del placer femenino.


Hablar de Mutilación Genital Femenina en un país tan occidentado como lo es México, causa pavor e incluso rechazo. El concepto de que se corte, extirpe o reseccione parte o todos los genitales femeninos externos, por situaciones NO médicas, es algo que hace que a la mayoría nos recorra un escalofrío por la espalda. Al día de hoy, sigue siendo una realidad en otros muchos países, por lo cuál es un tema de dominio público que interesa, ya que viola los derechos de niñas y mujeres. Me encontré con el terminó de Mutilación Genital Femenina (MGF, de ahora en adelante) por primera vez cuando me encontraba cursando el último año de mí preparatoria preparándome para un modelo de las naciones unidas, del cual sería parte en el comité de ONU Mujeres. Debo confesar que desde un inició me horrorizo, y es que desde ese entonces las cifras de esta práctica siguen siendo altas. Según la UNICEF: “Se calcula que cada año más de tres millones de niñas corren el riesgo de sufrir MGF. Más de 200 millones de mujeres y niñas vivas actualmente han sido objeto de la MGF” (UNICEF, 2016) La sorpresa de dicha cifra fue una señal de la ceguera en la que me encontraba gracias a mi privilegio. Porque si bien actualmente las organizaciones mundiales pertenecientes a la ONU, como la OMS, UNICEF, UNFPA, ONU Mujeres, etc., han estado trabajando exhaustivamente en erradicar la práctica, se ha visto que existen resistencias por parte de tanto los países donde se practican, como de las mujeres que son parte de estos. ¿Por qué? Por qué es una práctica incrustada en su cultura. De las distintas razones que se han encontrado por las cuales se realiza este procedimiento, podemos observar la falsa creencia de que fomenta la castidad, y que la baja en el deseo sexual asegura la fidelidad dentro de las parejas. En otras ocasiones tiene que ver con un rito para ser aceptada, y un requerimiento para poder casarse. Y si bien nosotros, de este lado, contamos con la información necesaria para saber que estas razones no son ciertas, y que el riesgo que corren las mujeres durante este procedimiento puede ser fatal, dadas las condiciones en las que se realizan, muchas veces ellas no lo saben. La violencia contra la mujer se ejerce en esta cuestión, no solo en el procedimiento que se realiza, si no en la perpetuación del discurso de que es necesario que sé lleve a cabo para tener valía, para ser reconocidas, vistas e incluso amadas. Por lo que el tema de la erradicación no se resume solamente a penar el procedimiento (que claro que es necesario), si no a reeducar los conceptos en los que se pone él ser mujer. Siempre respetando procesos culturales y desde una visión de acompañamiento y no de “salvación”.



Referencias: Female Genital Mutilation/Cutting: A Global Concern UNICEF, Nueva York, 2016.

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